26
ene

“Comunicarse en redes y amotinarse en grupos no significa compañía. La gente se reúne en estadios, cines y plazas comerciales, se comunica en redes y aun así se experimenta en soledad”.

 Conversar y estar con personas no significa un encuentro. ¿Cuántos días de la semana realmente vivimos el contacto íntimo con alguien? Podemos hablar del trabajo, escuela y tópicos externos sin implicar un contacto cercano de persona a persona.

 La soledad es uno de los grandes males de estos tiempos y de ella es fruto la ansiedad, el enojo y depresión, así como la fragmentación del tejido social. Dos de sus causas son el individualismo y la expectativa dependiente: en la primera, la persona es incapaz de observar los deseos y necesidades del otro, y en la segunda, se intenta cumplir los deseos y expectativas ajenas para ser aceptado y pertenecer a una sociedad. Ambas, en apariencia, son opuestas, pero comparten un origen común: el egoísmo. Las dos nos llevan a la soledad y vacío. En la primera, no se comparte y es incapaz de «dar». Mientras tanto, en la segunda se busca dar gusto a los demás siendo incapaz de «dar» o darse a sí mismo.

 Mucha gente renuncia a ser ella misma y, cuando se deja de ser auténtico, nace la desconfianza, se pierde la capacidad de intimar porque domina el miedo. La pose, apariencia y el pretender, generan de manera inconsciente desconfianza que nos aleja de nosotros y, paradójicamente, de los demás para quedar en soledad.

 Es el miedo el que limita las relaciones y nos deja solos. El temor al rechazo nos aleja de la gente y de nosotros mismos. Nos lleva a querer ser lo que no somos y convertirnos en lo que no queremos. En el fondo, todos deseamos sentirnos completos, integrados, plenos y, para esto, el encuentro íntimo es un camino para descubrirnos con el otro.

 Un verdadero «encuentro» implica una conexión interpersonal, un vínculo y es en el contacto íntimo donde se reconoce el «yo» a través de un «tú», encontrando en él «nosotros» lo que logra dar sentido y pertenencia a la existencia. El verdadero encuentro sólo es posible cuando dos personas se desprenden de máscaras, poses y corazas que cubren a quien realmente somos. Se da en lo auténtico y genuino, desde la congruencia, porque a través del auto-respeto y auto-aceptación, se genera la confianza y apertura necesaria para propiciar lo intimo, el encuentro.

 Para encontrarme contigo, necesito de mí; sólo desde mí, puedo estar contigo.

 Dr. José Francisco Sánchez Pérez, Médico y Profesor de la Facultad de Medicina U.A.N.L. con estudios en Desarrollo Humano y Terapia Breve Sistémica.

Artículo Publicado en la Revista AXIS por los Derechos Humanos. Octubre 2012

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Código de Seguridad *