Nací y crecí en Monterrey, México y soy el menor de 6 hijos. Fue en mi casa donde encontré a mis primeros grandes maestros: de mi padre aprendí entre muchas cosas el valor de la honestidad, el trabajo, el servicio al prójimo y el valor para defender y hacer valer los propios ideales. De mi madre aprendí principalmente el amor incondicional, la tolerancia y el respeto; y de mis hermanos el valor de compartir y ser solidario.

En mi caminar descubrí que mis grandes pasiones están en la MEDICINA y la PSICOLOGÍA

Cuando cursaba el cuarto año en la carrera de Médico Cirujano y Partero (UANL), fui invitado a tomar un Diplomado en Desarrollo Humano (psicología humanista) y a partir de ahí se amplió mi visión de la medicina y la salud, iniciando mi aventura en el desarrollo de las potencialidades humanas y descubriendo la importancia que tiene la mente en la salud.

Al graduarme de Medicina, ingresé a la Maestría en Desarrollo Humano (IMAC) y ahí continué explorando diferentes aspectos de mi persona, conociéndome más y mejor, lo que me ha permitido comprender mejor el mundo interno de las personas.

1,000
horas de terapia a pacientes
1,000
horas frente a grupos: aula, talleres y conferencias
1
años comprometido

La presencia de la empatía

Adicional a mi formación académica, el trabajo fue interior, asistiendo a talleres, congresos y un acompañamiento personalizado. Esto no fue fácil, ya que implicó enfrentar mis miedos y heridas, a la vez que reconocí áreas de oportunidad y como médico observé la importancia que existe en la relación médico-paciente, y cómo al escuchar, ser empáticos y mantener una actitud positiva hacia las personas, éstas se sienten acogidas, tomadas en cuenta y experimentan alivio en su sintomatología que favorece la mejoría en sus padecimientos.

Posteriormente quise contar con más herramientas para apoyar a las personas, así que decidí inscribirme a la Maestría en Terapia Breve Sistémica (UANL) y ampliar mis conocimientos en psicoterapia.

En este caminar descubrí que dos de mis grandes pasiones están en la medicina y la psicología; en vez de dedicarme sólo a una, elegí integrar ambas. Por esto, me orienté profesionalmente a la disciplina que integra esas dos partes de la salud: la Medicina mente-cuerpo, también llamada Medicina Psicosomática, fundamentada en la PsicoNeuroInmunología (PNI). Esta última es una orientación científica que estudia la influencia de la mente (psique) sobre el cuerpo (neuro-inmuno-endocrino), y su impacto en la salud y enfermedad.

Es así que a través de conocimientos en medicina e intervenciones psicosociales, he logrado apoyar a personas que padecen algo en el cuerpo pero que tienen un origen en sus emociones, pensamientos y conductas.

Mi estilo es interactivo, dinámico, orientado a la salud y a las soluciones. En el proceso terapéutico establezco con el paciente un diálogo persona-persona, donde me centro en tres actitudes básicas para promover el crecimiento: Empatía, Aceptación Incondicional y Congruencia.

Fortalezas. Todo esto me permitió voltear a mi interior y ordenar mi vida, desarrollando mi potencial a través de un proceso que sigue dando frutos.

El haber vivido mi propio proceso de desarrollo personal ha permitido que hoy pueda comprender y empatizar con mayor facilidad con quienes hoy asisten a mi consulta y talleres.

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